Trekking W vs O en Torres del Paine: ¿Qué circuito elegir?
El Parque Nacional Torres del Paine, en la Patagonia chilena, es un paraíso para el senderismo y un desafío para el viajero. Frente a las montañas, los glaciares, la estepa, los lagos color turquesa, y los animales salvajes, se presenta una decisión inevitable: ¿hacer el circuito W o el circuito O en Torres del Paine? Ambos son senderos legendarios que recorren el corazón de este destino, uno de los sitios más impactantes del planeta, pero cada uno propone un ritmo, un nivel de exigencia y una mirada distinta sobre el mismo paisaje.
El Parque Nacional Torres del Paine, declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO, se extiende en el extremo sur de Chile, en la Región de Magallanes. Con casi 230.000 hectáreas, es un escenario que demanda tiempo y preparación para conocerlo. Acá manda el viento, y el clima puede cambiar varias veces en un solo día. Sin embargo, quienes se animan a recorrer este parque a pie no solo caminan un territorio: se sumergen en una experiencia que transforma la percepción del cuerpo y del tiempo.
Los dos grandes circuitos de trekking del parque Torres del Paine, conocidos como “W” y “O” por la forma que dibujan en el mapa, son recorridos míticos entre viajeros de todo el mundo. En los últimos años se volvieron en destinos de culto para senderistas experimentados y aventureros que buscan superar sus límites en uno de los paisajes más remotos y cambiantes del planeta.
Qué hay que saber del Parque Nacional Torres del Paine
Antes de internarse en los senderos, todo viajero pasa por la misma sensación: esa mezcla de vértigo y entusiasmo frente a un lugar que parece nunca antes intervenido por el hombre. Desde la ciudad chilena de Puerto Natales, puerta de entrada al parque, el camino se abre entre pampas infinitas donde pastan guanacos, y el cielo parece más grande que en ningún otro sitio. En los días despejados, la silueta del macizo Paine aparece a lo lejos: un conjunto de agujas de granito que domina el horizonte.
Llegar al parque implica entender su escala: en este lugar, las distancias se miden en horas de caminata y los cambios de clima pueden alterar cualquier plan. Los fuertes vientos, las lluvias repentinas o incluso la nieve en pleno verano austral son parte de la experiencia. Por eso, más allá de la elección del circuito, el trekking en Torres del Paine exige preparación física, mental y logística.
En rigor, cada visitante tiene que reservar con anticipación los campamentos o refugios, ya que no está permitido acampar fuera de las zonas habilitadas. También es obligatorio comprar la entrada online y presentar las reservas confirmadas al ingresar. Las autoridades del parque limitan el número de caminantes diarios, sobre todo en los tramos más frágiles, para proteger los ecosistemas.
El circuito W: el clásico que todos quieren hacer
El favorito y el que todos eligen para empezar por su “corta” duración y su “bajo” nivel de exigencia. En comparación con la “O”, claro.
El circuito W es la puerta de entrada al trekking en Torres del Paine. Su nombre se debe a que, si lo miraras desde un punto cenital, sobre la ruta se dibujaría una especie de “W”, formada por tres grandes valles que convergen en los principales atractivos del parque: el Glaciar Grey, el Valle del Francés y la Base de las Torres.
Con una extensión de entre 70 y 80 kilómetros, según el punto de inicio y las variantes elegidas, el W puede completarse en cuatro a seis días. Es un recorrido exigente, pero accesible para personas con buen estado físico y algo de experiencia en caminatas de montaña. Las jornadas suelen implicar entre seis y ocho horas diarias de marcha, aunque todo depende del ritmo del grupo (¿vas en grupo o solo? Otro factor a considerar…), las condiciones del clima y los descansos que se tomen.
Lo que vuelve inolvidable al W es la intensidad de sus paisajes. En apenas unos días, el senderista atraviesa bosques de lengas, bordea lagos de un azul intenso, cruza ríos por pasarelas de madera, y alcanza miradores para contemplar vistas panorámicas hermosas.
El primer tramo suele llevar al refugio Paine Grande o al campamento Grey, desde donde se puede observar el glaciar homónimo, una masa de hielo que desciende desde el Campo de Hielo Sur y se funde en un lago con témpanos flotantes.
Otro de los puntos más celebrados por los viajeros es el Valle del Francés. El ascenso hacia su mirador, que se encuentra entre las formaciones conocidas como Los Cuernos del Paine, ofrece una vista de 360 grados sobre el corazón del parque.
Finalmente, la caminata hacia la Base de las Torres marca el cierre perfecto. El sendero asciende a través del Valle del Ascencio hasta un mirador que enfrenta de cerca a las tres torres de granito que dieron nombre al parque. Llegar a ese lugar al amanecer es casi un rito entre los caminantes: las torres se tiñen de tonos rosados y dorados mientras el viento helado sopla con fuerza.
El W permite vivir la esencia de Torres del Paine en poco tiempo. Quienes lo eligen destacan que ofrece la posibilidad de ver los paisajes más emblemáticos sin necesidad de recorrer toda la vuelta al macizo. Por eso, muchos lo describen como el circuito ideal para quienes visitan el parque por primera vez.
Sin embargo, esa misma accesibilidad hace que sea el más concurrido. En temporada alta —de septiembre, octubre, noviembre, diciembre, enero, febrero, marzo y abril— los campamentos se llenan rápidamente y los senderos principales pueden verse repletos de grupos guiados. No le quita la magia a la experiencia, pero sí motiva a tener las reservas en los alojamientos aseguradas.
El circuito O: la vuelta completa al macizo
Si el W es una introducción intensa a la Patagonia, el circuito O es su versión más profunda y exigente. No hay atajos ni regreso rápido: la ruta rodea todo el macizo Paine en un recorrido circular de más de 100 kilómetros. La vuelta se completa, en promedio, en entre siete y diez días de caminata.
El circuito O incluye todo el trayecto del W, pero suma una sección menos transitada por el norte del parque, donde los paisajes son más agrestes y los servicios más escasos.
En esta zona, los senderos se internan por valles solitarios, bosques húmedos y morrenas glaciares. Los campamentos son más básicos y el contacto con otros caminantes es menor, lo que aumenta la sensación de aislamiento.
Las reseñas de quienes hicieron el circuito coinciden en que el tramo más desafiante y espectacular es el que atraviesa el Paso John Gardner, a unos 1.200 metros sobre el nivel del mar. La subida es empinada, el viento puede superar los 100 kilómetros por hora y la temperatura desciende drásticamente, pero la recompensa es inigualable: desde lo alto se observa el glaciar Grey extendiéndose hasta el horizonte como un océano de hielo fracturado.
Para muchos, ese momento justifica todo el esfuerzo. Descender hacia el glaciar y continuar bordeando su lengua de hielo durante horas permite dimensionar la inmensidad del paisaje. En ningún otro punto del parque se percibe con tanta claridad la fuerza de los elementos.
El O no es un circuito para improvisar. Se necesita buena preparación física y mental, ya que implica caminar entre siete y diez horas diarias con mochila cargada, atravesando zonas donde hay campamentos y refugios más sencillos.
El tramo norte del parque permanece cerrado durante el invierno por razones de seguridad, por lo que solo puede realizarse entre octubre y abril.
Lo que hace más exigente al circuito O no es solo la distancia: es también la acumulación de días en marcha, el peso del equipo, la exposición a un clima impredecible y la necesidad de autonomía. Muchos senderistas coinciden en que la verdadera dificultad está en mantener la constancia: levantarse temprano, desarmar el campamento con las manos frías, avanzar pese al viento o la lluvia y llegar a destino antes del anochecer.
Sin embargo, quienes completan el O aseguran que esa dureza es parte de su encanto. El silencio del bosque después de una tormenta, la sensación de estar solo frente a las montañas o el simple hecho de compartir una comida caliente con otros caminantes en medio de la nada convierten cada jornada en una victoria.
Elige tu mejor ruta a Torres del Paine
Comparar ambos circuitos no es tanto una cuestión de “mejor o peor” como de perspectiva. El W ofrece una síntesis concentrada de lo más icónico: es como escuchar los grandes éxitos de tu artista favorito en vivo en un solo show. En cambio, el O es una travesía total, una obra completa donde cada jornada revela algo distinto.
El W se adapta a quienes buscan una experiencia intensa pero controlada. Permite conocer los puntos más fotografiados, tener acceso a refugios cómodos y retornar en menos de una semana. Por eso, muchos lo consideran el equilibrio perfecto entre aventura y disfrute.
El O, en cambio, exige entrega. Es una experiencia de largo aliento, donde el cuerpo se vuelve el único medio de transporte y el paso del tiempo se mide por la luz. No hay muchas comodidades ni opciones para acortar el recorrido. La ruta te obliga a avanzar o a quedarte varado en medio del paisaje, dependiendo del clima. Esa vulnerabilidad es justamente lo que atrae a los más aventureros.
Mientras el W se centra en los valles principales del parque —los que llevan al Glaciar Grey, al Valle del Francés y a las Torres—, el O atraviesa zonas más salvajes y menos exploradas, como el Valle Dickson y el Lago Paine. En estos tramos, los caminantes se internan entre montañas cubiertas de hielo y bosques donde apenas se escucha el viento entre las hojas.
Otra diferencia fundamental es el flujo de personas. El W es, sin duda, el más popular. El O, en cambio, mantiene un espíritu más solitario. Hay días en que uno puede caminar durante horas sin cruzarse con nadie, lo que genera una conexión más profunda con el entorno. Ese aislamiento, sumado al esfuerzo físico, hace que muchos viajeros describan el O como una experiencia transformadora.
En conclusión, elegir entre el circuito W y el circuito O en Torres del Paine es, en última instancia, una decisión sobre qué tipo de aventura se busca vivir. Quien elige el W apuesta por una experiencia intensa, visualmente impactante y condensada. Quien se lanza al O busca algo más profundo: una travesía de resistencia, introspección y conexión con la naturaleza en su estado más puro.