Sunset y noche en El Calafate: 3 planes imperdibles

Sunset y noche en El Calafate: 3 planes imperdibles

Cuando uno empieza a organizar un viaje es muy difícil no imaginarse al menos una vez contemplando el atardecer frente a algún escenario de enorme belleza. Sin dudas, El Calafate, la ciudad patagónica con acceso directo al imponente Glaciar Perito Moreno, es uno de los destinos más buscados por los turistas para vivir esa experiencia.

En esta nota, queremos ayudarte a conseguir la mejor foto del atardecer en la Patagonia argentina, en un destino mágico donde muchos inclusive aprovechan la emocionante y conmovedora visión del horizonte en tonos dorados, rosa y naranja para arrodillarse y pedirle casamiento al amor de sus vidas (por mencionar solo un caso de lo que provoca esa imagen). Recomendamos altamente conocer esta experiencia porque, cuando cae el Sol y aparecen la luna y las estrellas sobre los glaciares y bosques patagónicos, el entorno cambia por completo, y el estado de ánimo de quienes tienen la posibilidad de vivirlo, también.

Atardecer en El Calafate: tres experiencias únicas para vivir la magia

Que lo anterior no te derrumbe la ilusión. Hacerte renunciar a la magia no es el objetivo de esta nota. Al contrario: El Calafate está rodeado de paisajes donde el cielo se convierte en protagonista y donde los atardeceres y las noches estrelladas se pueden vivir de maneras igual o más intensas que desde las pasarelas del Perito Moreno.

En el último tiempo el circuito turístico empezó a ofrecer alternativas pensadas para quienes buscan capturar la hora dorada desde un punto privilegiadodisfrutar un asado bajo el cielo más limpio del hemisferio sur, o incluso, caminar sobre la nieve iluminada por la luna llena.

A continuación, vamos a contarte sobre tres propuestas diferentes, exclusivas y memorables para disfrutar del atardecer en El Calafate y de las noches estrelladas.

Navegación entre glaciares al atardecer

Hay algo profundamente hipnótico en la luz de la Patagonia cuando el sol empieza a descender. El aire frío se vuelve translúcido, las montañas se tiñen de un rosa pálido, y el hielo refleja destellos anaranjados imposibles de reproducir en una cámara. Esa es la hora que muchos fotógrafos profesionales intentan capturar con sus lentes. También es la hora donde más romántico se torna un viaje de a dos. Es precisamente ese momento que vale la pena tomar la excursión “Glaciares Spegazzini, Upsala y otros en barco al atardecer”, organizada por Best Calafate Tours.

La travesía parte desde el Puerto Punta Bandera, a unos 47 kilómetros del centro de El Calafate, un lugar que ya de por sí merece una visita: desde su muelle se despliegan algunos de los panoramas más abiertos del Lago Argentino, con el viento peinando el agua y los témpanos flotando como gigantes errantes. A diferencia de las navegaciones diurnas tradicionales, esta experiencia está pensada para desarrollarse con los últimos rayos de sol. El barco zarpa por la tarde y recorre los canales que conectan con los glaciares Upsala y Spegazzini, dos de los más espectaculares del Parque Nacional Los Glaciares, mientras la luz cambia y las montañas se apagan lentamente.

El itinerario combina la emoción de la navegación con el encanto de un servicio de alta calidad. A bordo, en un ambiente cálido y agradable, se ofrece una merienda riquísima, o la posibilidad de cenar y beber unos deliciosos vinos patagónicos. Degustar esas delicias con la vista de los paisajes que permiten los amplios ventanales es una experiencia sin igual. Hacia el final, cuando el sol se hunde detrás de las montañas y el cielo se enciende en tonos naranjas, el barco se detiene frente al frente glaciar para que los pasajeros puedan disfrutar el espectáculo en silencio. Algunos brindan, otros sacan fotos, otros simplemente se dejan llevar por el rumor del agua.

Al regresar hacia el puerto, con las primeras luces del anochecer reflejándose sobre el lago, el paisaje adquiere una calma que difícilmente se olvida. Este nos parece un plan ideal para parejas, grupos de familia, o viajeros solitarios que buscan una experiencia íntima y distinta, sin los horarios rígidos del parque ni la multitud de las excursiones diurnas.

Cena bajo las estrellas en una estancia patagónica

A pocos kilómetros de El Calafate, más allá de la costanera y las últimas casas del pueblo, la estepa se abre en un silencio abrasador. En ese escenario inmenso, donde las luces de la ciudad desaparecen y el cielo se expande infinitamente, se encuentra la Estancia Tierras Patagónicas, anfitriona de una experiencia única: “Avistaje de estrellas con cena patagónica”.

La propuesta comienza al caer la tarde, cuando una camioneta pasa a buscar a los participantes por sus hoteles y los traslada por caminos rurales hacia el interior de la estancia. El trayecto dura menos de media hora. Al llegar, los recibe el aroma del asado criollo y el crepitar del fuego en el quincho.

Mientras cae la noche, los guías —especializados en astronomía y vida rural— invitan a los visitantes a salir al campo con telescopios portátiles para observar el cielo patagónico. En noches despejadas, la Vía Láctea se distingue a simple vista como una cinta blanca que atraviesa el firmamento. Las constelaciones del hemisferio sur —la Cruz del Sur, Orión, Escorpio— se ven con una claridad impresionante. Es una experiencia que combina divulgación científica, contacto con la naturaleza, y emoción pura: aprender a reconocer estrellas, escuchar historias sobre navegantes y pueblos originarios, y descubrir la magnitud del cosmos en uno de los cielos más limpios del mundo.

Luego, el regreso al quincho tiene algo de celebración. En las mesas de madera se sirve una cena típica con cordero patagónico, guarniciones típicas y caseras, y vinos regionales, mientras el fuego sigue encendido y el viento golpea las chapas. Los guías suelen apagar las luces en un momento clave, permitiendo que el resplandor de las estrellas vuelva a dominar la escena. Para muchos viajeros, es el instante más emotivo del viaje: la mezcla de silencio, naturaleza y hospitalidad que define a la Patagonia profunda.

Esta experiencia se volvió cada vez más popular entre quienes buscan algo más que las fotos clásicas. No se trata solo de mirar el cielo: es una forma de entender el territorio, de compartir con los lugareños, y de sentir la dimensión real del sur. También se volvió uno de los escenarios favoritos para propuestas románticas: cenas sorpresa o compromisos bajo las estrellas, ¡un gesto que combina aventura y ternura a partes iguales!

El Glaciar Perito Moreno bajo la luna llena

A partir de este verano, una propuesta inédita promete cambiar la manera de conocer el Parque Nacional Los Glaciares. Con la aprobación de las autoridades nacionales y bajo estrictos protocolos de seguridad, se habilitará el ingreso nocturno al Glaciar Perito Moreno durante las noches de luna llena, una experiencia limitada y exclusiva que solo se ofrecerá unos pocos días al mes.

La excursdión, organizada también por Best Calafate Tours, fue diseñada junto a guías profesionales habilitados por la Administración de Parques Nacionales. El punto de partida es el acceso principal al parque, desde donde los grupos reducidos se internan hacia las pasarelas acompañados por un equipo especializado en interpretación ambiental. La caminata se realiza en silencio, con linternas provistas por los guías, y con el acompañamiento de la luz natural de la luna que ilumina las paredes del glaciar con un brillo plateado.

Quienes ya participaron en las pruebas piloto aseguran que es una experiencia difícil de describir. El paisaje, de por sí imponente, adquiere otra dimensión: el hielo refleja la luz lunar como si fuera cristal, los crujidos del glaciar resuenan en la oscuridad, y el aire se vuelve tan nítido que parece detener el tiempo. No hay multitudes, ni ruido de motores, ni sol que encandile las fotos. Solo el murmullo de la naturaleza y el sonido del propio cuerpo respirando.

Durante la visita, los guías explican aspectos del comportamiento del hielo, de la flora nocturna y de los ciclos lunares que influyen en las mareas del lago. También hay momentos de contemplación libre, donde los visitantes pueden quedarse quietos frente al frente glaciar, en la misma pasarela donde horas antes circulaban cientos de turistas. Esa sensación de intimidad absoluta con un paisaje que suele estar colmado de gente es, quizás, el mayor privilegio del recorrido.

Al final del circuito, se ofrece una bebida caliente o un vino de altura, mientras el grupo comparte impresiones bajo el cielo estrellado. No se trata de una excursión masiva ni fotográfica: es una experiencia de conexión profunda, pensada para quienes quieren sentir el parque de otra manera, lejos del ruido y la prisa del día. Una vivencia que promete convertirse en una de las más demandadas del verano 2025, especialmente entre viajeros en busca de emociones auténticas y memorables.

El Calafate en verano y en invierno

El Calafate es uno de los lugares más mágicos para ver un atardecer y sacar las fotos más espectaculares de paisajes naturales. Pero según la estación en la que visites esta ciudad santacruceña, la posibilidad de contemplar uno en un lugar especial va a depender de tu planificación.

Durante los meses de verano, entre diciembre y marzo, en el hemisferio sur, el Sol se resiste a caer sobre el horizonte patagónico por la inclinación del eje de la Tierra. El recorrido que hace el Sol a través del cielo es más extenso y la duración del día es más larga que la noche, resultando en atardeceres más tardíos. Aunque parezca lógico, muchos que llegan a esta ciudad austral se sorprenden al ver que la luz solar se prolonga hasta pasadas las 21 o 22 de la noche. ¡Y cómo cambian los planes con semejante fenómeno!

En este sentido, aunque la experiencia de presenciar el atardecer frente al Glaciar Perito Moreno, por ejemplo, es una de las más buscadas, pocos conocen que el horario de ingreso al Parque Nacional los Glaciares —por razones de seguridad, conservación y distancia desde la ciudad— suele impedir que los visitantes permanezcan ahí hasta tan tarde.

Según la información actual de la administración de la reserva natural, en verano, el ingreso al corredor Río Mitre–Glaciar Moreno está permitido hasta las 18con permanencia máxima hasta las 20. Para entonces, el sol todavía está alto sobre el cielo austral. 

Solo durante el invierno, cuando los días se acortan y el sol se despide cerca de las seis de la tardepuede coincidir que dentro del horario permitido se alcance a presenciar la caída de la luz sobre el hielo. En cualquier otro momento del año, la escena idealizada del atardecer frente al glaciar queda fuera de las posibilidades reales.