Mejor época para ir a El Calafate
El Calafate es una de las puertas de entrada más imponentes a la Patagonia argentina. Situada a orillas del Lago Argentino y en las cercanías del Parque Nacional Los Glaciares, la ciudad combina paisajes únicos compuestos por glaciares, lagos, estepa y montañas. Sin embargo, sus climas tan desafiantes vuelven fundamental la elección de la fecha para visitarla y hacer excursiones.
Quienes buscan conocer el glaciar Perito Moreno, recorrer los senderos, navegar por los lagos o simplemente contemplar la magnitud del paisaje, deberían planificar su viaje entre la primavera y el verano. Son las estaciones en las que la naturaleza se muestra en plenitud, los días son más largos, y las actividades turísticas funcionan con total normalidad.
Entre octubre y marzo, El Calafate atraviesa su temporada más favorable. En esos meses el clima es más templado, las rutas están en buenas condiciones, y los servicios turísticos operan plenamente. Las temperaturas durante el día oscilan entre los 12 °C y los 22 °C, y las horas de luz se extienden hasta bien entrada la noche.
Qué hacer en El Calafate en cada época del año
La diferencia con el resto del año es significativa. En otoño e invierno, las nevadas pueden interrumpir el acceso a algunos caminos, y muchas excursiones se suspenden o funcionan con frecuencia limitada. En cambio, durante la primavera y el verano todo está en marcha: desde las navegaciones por el Lago Argentino hasta las caminatas sobre el glaciar, los paseos en 4x4, el ciclismo y las cabalgatas por la estepa.
Además del clima, hay otro factor que convierte a esta época en la mejor: la diversidad visual del paisaje. En primavera, los valles cercanos comienzan a cubrirse de flores y pastos verdes, volviendo más agradable visualmente el entorno. Además, las cumbres todavía conservan parte de la nieve del invierno, volviendo a la experiencia visual realmente encantadora.
Durante el verano, los días soleados permiten apreciar esos colores con claridad y recorrer los principales atractivos sin las limitaciones del frío o el viento intenso. Caminar por las pasarelas frente al Perito Moreno, observar los desprendimientos de hielo, navegar hasta los glaciares Upsala y Spegazzini, o visitar las estancias cercanas: todo se realiza con el placer de conservar el calorcito en el cuerpo.
La luminosidad también es un punto a favor. En diciembre y enero, el sol se pone cerca de las 23 horas, lo que permite aprovechar cada día al máximo. Es posible realizar una excursión por la mañana, volver al pueblo por la tarde y todavía tener luz para caminar por la costanera o visitar algún mirador natural.
En términos fotográficos, este es el momento ideal: los reflejos del Lago Argentino son más intensos, los glaciares brillan bajo el sol y las montañas del cordón andino se recortan nítidas contra el cielo despejado. Para quienes buscan tomar fotos del Perito Moreno o del Fitz Roy desde la distancia, la primavera y el verano ofrecen las mejores condiciones de luz.
Otra ventaja es la variedad de fauna que es posible de ver. Con el aumento de la temperatura, vuelven las aves migratorias y los guanacos son más fáciles de observar en los alrededores del parque. En la Reserva Laguna Nimez, los flamencos rosados vuelven a ocupar el humedal y las bandurrias sobrevuelan la zona.
Pero no hay que preocuparse de antemano: si bien es la temporada con mayor movimiento turístico, la capacidad de servicios y alojamientos de El Calafate permite que el flujo de visitantes se distribuya sin grandes aglomeraciones. La ciudad está preparada para recibir viajeros de todo el mundo, y eso se nota en la oferta gastronómica, las excursiones organizadas (con guías bilingues) y las propuestas culturales que acompañan los meses de calor.
En síntesis, la primavera y el verano concentran todo lo que hace especial a El Calafate: temperaturas agradables, paisajes coloridos, luz prolongada y una oferta de actividades completa. Es la época en que la ciudad y sus alrededores pueden disfrutarse sin restricciones, en contacto directo con la naturaleza.